enero 4

Como un viejo vigía

Como un viejo vigía,

miro el camino que deje atrás,

los pedregullos que modificaron mis pies,

la huella que recorre mis días,

llevándome a mi muerte.

Tu nombre resonando en mi conciencia,

las caricias que murieron,

el olvido,

y el recuerdo,

son las mismas caras

de mi condena.

Como un tren que arrasa,

la vida distraída,

mientras tropieza,

solo deja la sombra desdibujada.

Y mi cabeza golpea el muro del horizonte,

los llantos se acumulan en mis mejillas,

tu nombre me lo trae el viento,

mientras yo miro a la muerte,

acercarse lento con su túnica de noche,

y su mano de luna.

Como un viejo vigía…

Category: poesía | LEAVE A COMMENT
noviembre 25

Decime que volves en la otra saga…

Escribo con las lágrimas asolando mis ojos y me pregunto porqué…

Toda mi vida fui un tipo que miró a Diego de reojo, siempre dije lo mismo, en un país donde es más importante un futbolista que un doctor que dedico su vida a los otros, algo esta mal.

Mientras Esteban recorrió el norte, con el barro hasta las rodillas, tratando de curar las enfermedades que mataban a nuestros pueblos en La Formosa de La Forestal.

Mientras Diego recorrió cada potrero, con el barro hasta las rodillas, tratando de arrancar la tristeza y la angustia, que matan a nuestros pueblos en la Argentina de la libertad liberal.

Y entonces me dí cuenta, que ambos lucharon contra gigantes, con las piernas cortadas, que a los dos los castigaron con el ostracismo, solo que el Diego era buen gambeteador y llevó sus palabras cascadas al oído de cada laburante o precarizado. Les dió la ilusión de que una gambeta podía sacarlos de tanta mierda.

Uno nos mostró que la patria era el otro, ese otro más relegado, ese otro perseguido y abandonado, por un estado demasiado ocupado en no molestar a los ricos. El otro nos mostró que ese otro también podía ponerse de pie y hacer lo mismo “Gracias a la pelota le di alegría a la gente; con eso me basta y sobra”.

Dos Maradona, dos hijos del pueblo, que eligieron ser distintos a todos; uno fue llamado por los pilagá Dr Dios y el otro por ese pueblo de los barrios, el barro y los potreros D10S.

Por eso, se me desgarganta el llanto, y la rabia de pensar que hoy los hijos de puta son un poco más fuertes.

octubre 20

Arrepentimiento.

Es extraño como un día cualquiera, caes en la cuenta de que tu vida es una mentira. Un artificio construido, con retazos de mentiras y parches para ocultar lo que tu sangre te grita.

Ese pequeño suceso que te roba la mirada y de golpe sientes la herida abierta. La escena de una película, la publicidad de un objeto que no te interesa, cualquier cosa te arranca de tu desinterés. De la distancia, que construiste día a día, con tanto trabajo.

Todo se derrumba. El viento te envuelve, con una furia salvaje, ráfagas mortales, que te aran el corazón palpitante. No importa, cuanto hagas, por sostener, esos muros de mentiras, que levantaste para contener una vida artificial. La verdad los demuele en cada recuerdo, en cada sentido.

Ahora; de que vale tu apodo Pared?. Sí, la pared, ha caído. Tu corazón se despedaza contra una pared vacía. Los grafittis te gritan de cuanta pared cruzas. Pero no encuentras ninguna que recoja tus lamentos, que sostenga tu llanto de arrepentimiento.

octubre 15

Grito

Estoy cansado de recoger lágrimas en mi pañuelo,

de tus gritos de infelicidad,

de tus reclamos,

de tu decirme que hombre debo ser,

de esa responsabilidad afectiva,

que tiene forma de molde a pedido,

soy egoísta si digo que no soy feliz,

soy egoísta porque vos no lo sos,

el sueño me vence,

no me gusta beber hasta que se acaba,

no me gusta nada hasta que se acaba,

me gusta caminar lento,

sentir el viento suave cuando monto la bicicleta,

me gusta hablar de cosas con parsimonia,

no me gusta el final,

me gusta el nudo,

el conflicto del personaje,

esa escena que deja irse al tren,

y se sienta a esperar

No me gusta gritar,

la lucha,

me gusta escuchar

el silencio,

el viento del otoño

las hojas cayendo.

Category: poesía | LEAVE A COMMENT
octubre 14

Carta a mi Amigo.

Sabés; en días como hoy. Te extraño.

Cada día que pasamos juntos me hizo quién soy.

Como decírtelo para que no me malentiendas, y también perdón por decirlo ahora, que ya no estas. Fuiste mi hermano, y también mi viejo; fuiste toda la familia que me negaron. Con vos aprendí la diferencia, entre amor y permanecer, la diferencia entre bondad y boludez, la diferencia entre jugar y azar, la diferencia entre proclamar y convicción. Amigo; sin tí hubiesen transcurrido los días de mi vida y yo nunca hubiese visto lo vació de mi existencia.

Tu me gritabas, vivir como si fuera lo último. Como hago para hacerlo, si ya no te tengo para sostenerme. Como hago para reconstruirme, si vos te llevaste el último sostén que me ayudaba a resistir.

Te explico boludo, para que lo entendás, cada mensaje, birra, llamada de 40 minutos, charlas hasta la madrugada me hicieron este hombre que soy. Cuando me preguntan como era mi Viejo, te describo a vos. Cuando me preguntan como era mi hermano, les cuento como nos reíamos y nos peleábamos con vos. Y no puedo dejar de pensar en esa promesa estúpida que nos hicimos, cada vez que nos batía la desesperación y el otro estaba allí para sostenernos, cada vez que la angustia y la impotencia se hizo borrachera, cada vez que el otro estaba mal u enfermo.

Esa promesa idiota, de hacernos Viejos verdes juntos, de aprovechar la impunidad de la vejez para mamarnos, fumarnos unos porros y ver las mujeres que ya no amaríamos. De vez en cuando irnos de putas y pirarnos como los perros viejos a morirnos lejos. Que promesa pelotuda!.

Sin embargo; es esa promesa la que no me deja olvidarte, la que no me deja dormir, la que te devuelve a mi mente cada mañana. Amigo cada tanto, me doy una vuelta o veo la forma de comunicarme con la Negrita y saber de tus hijos. Todos bien.

Lamento no haberte dicho antes, que eras un imprescindible en mi vida. Lo hago ahora. Sigo usando el mismo detergente, tal vez cuando sienta más cerca a la parca, te haga caso y use el que vos decías.

Tu amigo. El Negro.

octubre 14

No soy nadie.

Se me acaban los días del almanaque,

para tocar tu puerta y pedirte perdón.

Como borrar la ausencia de los años?,

Como borrar la distancia de las rutas?

Los puertos en que me refugie?

Pienso en tí,

y no entiendo porque aún te llevo pegada a mi alma.

No puedo imaginar,

las formas de reparar el daño,

recuperar los besos y los abrazos que no dí.

No hay vino,

que adormezca mis furias,

cuando tu ausencia se convierte en tormenta.

Han pasado los inviernos,

muerto las plantas de mi jardín,

La nieve de la soledad,

ha quemado todo,

hasta la hierba.

Leo en un paredón del puerto

“Sin mí, no eres nada”,

y recuerdo tus gritos

“Sin mí, no eres nada”,

mientras se acaban los días del almanaque,

los días sin besos,

sin tu sonrisa,

sin ese abrazo que te contenía

y que me contenía.

El tiempo pasa,

caen las hojas del manzanero,

la luna muere,

Y yo sin pedirte perdón,

y sin ser nada.

Category: poesía | LEAVE A COMMENT
octubre 14

Allá en el incendio del monte. (7)

Me despertó el olor a pan recién horneado, debo admitir. Me lavé la cara en la palangana que había puesto frente a mi ventana, y ví a Bertita, sacando del horno de barro, unos panes del tamaño de una mulita, y ponerlos a enfriar sobre una mesada de tablas. Me sequé la cara y me puse la camisa, para salir, y al menos llenarme de ese aroma a pan, mientras el fresco aún soplara. Una vez que el sol saliera, ya había aprendido que lo mejor era quedarse a la sombra de la galería, o el árbol que sombreaba el centro del patio, donde atabamos a los caballos. Berta me vió salir y se empezó a sonreir,

-Me lo ha despertado el olor a harina tostada, Miguel?…

-Se podría decir…

-No hay mejor despertador que la gula decía mi Tata…

-Su Tata, tenía razón. Linda Moza…

-Y se ha despertado picaflor, lo que hace un pedazo de pan. Sí, hasta Tata Dios repartió un cacho para ver si entendíamos su plan… – Estábamos en ese truco de palabras, como dos gallos de riña que se estudian dando círculos, cuando vi llegar por el camino a Rosendo, seguido por un carro con pretenciones de sulky, sentado con las riendas en mano venía Esteban y a su lado, la morocha y un gurí dormía en sus brazos. A los saltos y con la lengua afuera los seguía un chusco de pelambre chamuscada, la voz de Berta me sopló la nuca,

-Se trajo toda la familia el hombre…

-Eso parece, Bertita. Hay mate?…

-Claro Miguel!. Como no voy a tener listo el cimarrón?!. Ya le sebo…-dijo con ironía y se fue a buscar la pava del fogón. Yo me quedé allí viendo a los que llegaban. Esteban me saludo con entusiasmo, mientras iba aparcando el carro junto a la empalizada, la morocha sonreía con cierta timidez, acurrucando un niño que no tendría más de cinco años.

-Don Miguel, para que soy bueno?…-me preguntó mientras él ayudaba a su compañera a descender del carro y yo me acercaba.

-Ya te voy a decir, por ahora solo para tomar unos mates y comer un asado, es lo menos para pagar mi deuda.¿No te parece?…-le tiré y él sonrió francamente.

-Había sido pagador el hombre. Lo tendré en cuenta para el futuro, siempre es bueno dar crédito a los pagadores. Le presento Miguel, ella es Maria y ese mozito que lleva alzado como choncaco es Luisito, mi gurí…

-Hermosa familia, Don Esteban…-afirme mientras besaba la mano de su mujer y ella se retiraba hacía donde Berta terminaba de acomodar los panes. Tome a Esteban de los hombros y lo llevé junto al fogón, donde la pava ennegrecida ya anunciaba que el agua estaba lista, limpié el mate y volví a sebarlo. Esteban me observaba con curiosidad. Tomé el amargo y le pasé el segundo, así cimarrones nomás, él no despegaba su mirada de mí.

-Esteban, me vas a ojear, si me seguís mirando así.

-Miguel, te creo lo del asado. Pero no me ha echo venir todas estas leguas, escoltado por el gendarme charlatán aquel solo pa eso. Aparte con lo lenguaraz del hombre me lo habría dicho de entrada y no sabía nada…

-Esteban, no esperaba menos de vos. Estudioso como zorro de monte, no se te escapa ni el chillido de una mosca en reunión de carayas…

-Entonce pue?…

-Como vos ya decías y Doña Berta, también, me mandaron a tomar mate y a pintar de Juez de juguete de un tal Sylveira, que es el capitán de los gendarmes. Ya vino a querer girar las primeras vueltas de cuerda y lo saqué pitando, pero vos sabés que esto no va a quedar asi. Ahí entrás vos, necesito un zorro como vos, que sepa cuidarse solo y sea mis oidos en todo el pueblo…

-Miguel, te agradesco, pero yo ya tengo trabajo y con la paloma tenemos el gurí y diez cuadras de campo que cuidar…

-Esteban eso ya lo sé. Te pago el doble que el ferrocarril y te doy quince cuadras de tierra en el camino que va a Cejolao…

-Y si esas tierras tienen gente adentro?…

-No la tienen. El otro día encontré la papeleta a nombre de este juzgado, para entregar a un colono, mande a Rosendo a ver y solo hay quimiles y un rancho abandonado, el vecino más cercano es el almacenero y después más tierra a colonizar…

-Bueno. Déjame que lo hable con mi Maria, antes de volver pa las casas, te aviso…

-Esta bien…- le dije y volví a sebar un mate. Las mujeres se habían puesto a charlar y caminaban hacía la cocina, el gurí jugaba con Rosendo a tirar piedras a un poste. Esa tarde cuando terminamos el asado, todos se fueron a dormir la siesta, mientras yo me fumaba un pitillo sentado en la hamaca de la galería. Al rato apareció Esteban con un porrón de ginebra, me sirvió un vaso y el tomó un trago del pico.

– Mañana temprano vamos pa las casas, me llevo a tu gendarme y volvemos en tres días…-

Eso fue todo. El cielo parecía un caldero allá en el horizonte.

Category: Cuentos | LEAVE A COMMENT
septiembre 18

Hace treinta años.

Estela salio al balcón, encendió su cigarrillo. Abrió su camisón de par en par ofreciendo su cuerpo al sol.

Como lo hago desde hace treinta años la espió desde la copa del olivo. Se va. No importa solo debo esperar hasta mañana.

Category: Cuentos | LEAVE A COMMENT
septiembre 18

El Dragón nocturno.

Cada noche me acecha un dragón de fauces rojas.
Me oculto en el más oscuro rincón esperando el sol. Sé que él aprovechará la primera oportunidad para
devorarme.
No es la primera vez que lo veo volar sobre mi refugio. Sus ojos azules parecen dos estrellas fugaces
que caen sobre mí. Lo veo lanzándose como un ave rapaz sobre su presa.
Abre sus rojas fauces.
Mamá abre la puerta para darme el desayuno.

Category: Cuentos | LEAVE A COMMENT